sábado, 21 de febrero de 2026

La muerte de los nadie.

 "¿Legítima defensa o gatillo fácil? Un hombre maliense muere a manos de la Guardia Civil en Almonte bajo un manto de silencio mediático. Analizamos por qué la versión oficial se queda corta y por qué las vidas migrantes en nuestros campos siguen sin importar lo suficiente como para investigar el 'porqué' antes del 'disparo'."



Silencio y plomo en Almonte: Cuando la versión oficial sustituye a la justicia


El pasado 11 de febrero, el suelo de una finca agrícola en Almonte (Huelva) volvió a teñirse de tragedia. Un hombre de origen maliense, trabajador en los módulos de una explotación de frutos rojos, perdía la vida tras recibir un disparo de la Guardia Civil. La noticia ha pasado por los medios como una ráfaga: breve, aséptica y estrictamente pegada al teletipo oficial. Se acabó con una vida, pero parece que no hay preguntas que hacer.


La parquedad como herramienta de olvido

Lo que hemos leído estos días es un ejercicio de minimalismo informativo. La narrativa es casi automática: aviso por "actitud extraña", un hombre armado con un cuchillo, disparos al aire y, finalmente, el disparo letal para "repeler" una agresión. Fin de la historia.


Desde Podemos, nos negamos a aceptar que la muerte de un ser humano se despache con tres párrafos. La escasez de detalles no es neutral; es una forma de deshumanizar a la víctima. No se nos dice quién era, cuánto tiempo llevaba trabajando en condiciones probablemente extremas, ni qué le llevó a ese estado de desesperación.


¿Dónde está la investigación de los antecedentes?


Los medios se han limitado a describir el desenlace, pero ignoran sistemáticamente el origen. ¿Por qué este hombre estaba tan alterado?


Salud mental y exclusión: Es de sobra conocida la presión psicológica a la que están sometidos los trabajadores migrantes en los asentamientos y fincas de Huelva: aislamiento, precariedad y una ley de extranjería que asfixia.

Protocolos de desescalada: ¿Se intentó una mediación cultural o profesional antes de sacar el arma? ¿Había alguien capacitado para entender qué estaba gritando o qué necesitaba?


¿Era necesario el uso de fuerza letal?


La pregunta que nadie en el Ministerio del Interior parece querer responder es si se agotaron las alternativas. En un estado de derecho, la fuerza letal debe ser el último recurso absoluto, no una respuesta proporcional a un estado de agitación.


1. ¿Y los medios no letales? Se habla constantemente de la dotación de dispositivos Taser para las fuerzas de seguridad. ¿Por qué en este caso se optó directamente por el plomo?

2. Zonas no letales: Si la situación era crítica, ¿por qué los disparos terminaron con la vida del hombre en lugar de buscar la inmovilización en zonas no vitales (piernas o extremidades)?

3. La desproporción: Un hombre en crisis frente a dos patrullas armadas y entrenadas. La diferencia de poder es abismal como para que el resultado sea, invariablemente, un cadáver.


No son sucesos, es política

No podemos permitir que estos hechos se cierren como un simple "incidente de seguridad ciudadana". Cada vez que una intervención policial acaba con la muerte de un migrante en circunstancias poco claras, se abre una grieta en nuestra democracia.


Exigimos una investigación independiente que no se limite a validar la versión del agente implicado. Necesitamos saber qué falló en el sistema de protección social para que un trabajador terminara empuñando un cuchillo en un módulo de descanso, y qué falló en el protocolo policial para que la única solución fuera un disparo al pecho.


Las vidas de los trabajadores migrantes importan. El silencio de Almonte no puede ser la respuesta.

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