La crisis de la vivienda no es neutral: golpea con más fuerza a las mujeres y a las personas LGTBIQA+, especialmente a las madres solas, a las jóvenes, a las personas trans y no binarias, a las personas migrantes y a quienes sostienen trabajos feminizados, precarios y peor pagados.
Cuando el alquiler sube un 10 % y comprar una vivienda es casi un 13 % más caro, lo que se encarece no es solo el precio: se encarece la vida.
Y se encarece aún más para quienes parten de la desigualdad: las mujeres cobran un 24 % menos y las personas LGTBIQA+ sufren brechas salariales y discriminación laboral.
Sin vivienda digna no hay autonomía, no hay libertad ni posibilidad real de salir de situaciones de violencia machista, LGTBIfóbica o de exclusión social.
Por eso decimos claro que el mercado no puede seguir decidiendo sobre un derecho básico.
✨ Desde una mirada feminista, transfeminista y social, proponemos:
• Bajar los alquileres por ley.
• Poner fin a los pisos turísticos que expulsan a vecinas y vecinos de sus barrios.
• Prohibir la compra de vivienda para especular.
• Priorizar el acceso a la vivienda para mujeres, familias monomarentales y personas LGTBIQA+ en situación de vulnerabilidad.
Porque la vivienda es un derecho, no un negocio.
Y porque sin justicia habitacional no hay igualdad real ni vidas libres y dignas.
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💜✊

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